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EDITORIAL. La crisis del agua

05 de agosto. Hablar de la crisis del agua nos remite necesariamente a la zona metropolitana de Monterrey, donde los ciudadanos han vivido la peor escasez en la historia del estado de Nuevo León, y posiblemente de todo el país.

La situación que se vive en esa zona provocó también una crisis política que ha puesto en jaque al gobierno de Samuel García, a poco más de medio año de haber asumido el cargo. Y no es para menos porque el agua es una necesidad vital, casi tanto como el aire que respiramos. Se puede prescindir de muchas otras cosas, pero no del agua.

En la zona metropolitana de Monterrey se vive una situación extrema, pero en otras regiones del país también se enfrentan, aunque en menor medida, los efectos de la prolongada sequía que se ha vivido en este año, y que ha provocado que los niveles de los cuerpos de agua hayan descendido drásticamente afectando el abasto para consumo humano, así como otras actividades, entre ellas la agricultura, la ganadería y la industria.

En Huajuapan no somos ajenos a esta realidad: el nivel de la presa “Lázaro Cárdenas” de San Francisco Yosocuta ha disminuido hasta llegar al 70 por ciento de su capacidad, cuando el año pasado a estas alturas se encontraba arriba del 100 por ciento. Aunado a ello, las galerías y pozos de los que se abastecen los sistemas independientes de algunas colonias y agencias han llegado a su nivel mínimo, y algunos de ellos han quedado sin agua.

Entre los sistemas que padecen con mayor intensidad la falta de agua se encuentran los de Magdalena Tetaltepec, Santiago Chilixtlahuaca, la colonia Del Maestro, El Alacrán y La Junta, pero otros como los de Santa Teresa, La Estancia, Acatlima, Jardines del Sur, Santa María Xochixtlapilco, Aviación–Los Pinos, Rancho Solano y Agua Dulce también empiezan a sufrir los estragos de la sequía prolongada. 

La situación que se vive en el municipio de Huajuapan en el tema del suministro de agua potable a la población ha obligado a tomar medidas emergentes para atenuar los efectos de la prolongada sequía, que aún podría prolongarse por al menos un par de semanas, e incluso por lo que resta del mes de agosto. Una de ellas ha sido reducir el abasto en las zonas de la ciudad que reciben agua de la presa Yosocuta para estar en posibilidades de llenar con pipas las cajas de almacenamiento de aquellas cuyos pozos han quedado secos.

Por otra parte, la comisión de regidores designada por el pleno del Cabildo para atender el tema del agua solicitó a la Comisión Nacional del Agua (Conagua) que se dé prioridad al consumo humano y se limite la extracción de agua para uso agrícola e industrial.

Lo que hoy ocurre en Huajuapan y en muchas otras zonas del país debe movernos a la reflexión. La sequía extrema y la reducción del nivel de los cuerpos de agua no son obra de la casualidad, sino resultado de la actitud poco responsable que los seres humanos hemos mantenido durante décadas.

La tala inmoderada, la contaminación del suelo, del agua y el aire, la explotación irracional de los mantos acuíferos, el desperdicio de agua y muchas otras conductas que nos han caracterizado han provocado el calentamiento global que tiene entre sus efectos el cambio climático. La temperatura del planeta ha aumentado, y con ello se ha alterado el ciclo estacional.   

Las conductas irresponsables tarde o temprano tienen consecuencias, y entre ellas se encuentran las que hoy estamos padeciendo. Las sequías prolongadas y las lluvias torrenciales, las temperaturas extremas que se han registrado en los últimos años no son sino el resultado del daño que los seres humanos hemos hecho al planeta. La naturaleza nos ha empezado a cobrar la factura.

Ante la crisis del agua que hoy padecemos es indispensable tomar conciencia y empezar a modificar conductas erróneas. En primera instancia, es urgente empezar a hacer lo que hace mucho tiempo debimos haber hecho: utilizar el agua de manera racional, evitar el desperdicio, almacenar el agua de lluvia, reutilizar la que pueda ser reutilizada, y fomentar en las nuevas generaciones la cultura del agua y del respeto a la naturaleza y a la vida.

Sin ser catastrofistas, la situación que hoy padecemos en el tema del agua parece ser apenas el principio de lo que podría venir en los años siguientes, porque el deterioro del planeta no se detiene, y mientras ello no ocurra, la situación tenderá a agravarse año con año.

Si queremos que esta situación cambie, no hay de otra: tenemos que cambiar nosotros, actuar de manera responsable, respetar el planeta, no seguir dañándolo, utilizar de manera racional no solo el agua, sino todos los recursos naturales, y realizar acciones que permitan resarcir al menos parcialmente, el daño que durante décadas le hemos causado.

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