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La llorona, una trágica historia de amor

03 de noviembre. La llorona, el son istmeño tradicional que se ha convertido en una de las canciones mexicanas más conocidas e interpretadas en el mundo, ha estado vinculada a la celebración del Día de Muertos.

Con el paso del tiempo ha sido interpretada por centenares, tal vez miles de artistas, algunos de los cuales han modificado su letra, e incluso agregado versos. Entre ellos se cuenta a Chavela Vargas, Lila Downs, Lola Beltrán, Joan Báez, Nana Mouskouri, Raphael, Ely Guerra y Ángela Aguilar, por mencionar sólo algunos.

Aunque se desconoce el nombre de su autor, las coplas más antiguas que han sido documentadas se ubican en el año 1932. En 1992, Flora Botton-Burlá llegó a recopilar 121, muchas de las cuales fueron tomadas de la antología Cancionero folklórico de México, coordinada por Margit Frenk.

Sobre su origen hay también diversas versiones. Una de ellas refiere que un joven de Tehuantepec se enamoró de una hermosa muchacha de Juchitán que salía de la iglesia vestida con un huipil istmeño. Finalmente la hizo su novia y se casó con ella.

Poco después tuvo que ir a combatir a la revolución, pero antes le juró que volvería por ella y por su hijo que estaba por nacer, y que la amaría vivo o muerto.

Cuando se despidieron ella lloraba incesantemente por el dolor de la partida, mientras él le limpiaba las lágrimas y le llamaba cariñosamente “llorona”.

Tiempo después un amigo de ambos regresó al pueblo con la noticia de que él había muerto en el campo de batalla, pero antes de morir le había pedido que le dijera que siempre la amaría, y que le entregara una carta.

En una parte de la misiva le decía: “Salías del templo un día, llorona/ cuando al pasar yo te vi. Hermoso huipil llevabas, llorona/ que la Virgen te creí. En el cielo nace el sol, mi llorona/ y en el mar nace la luna/ y en mi corazón nace, llorona, quererte como ninguna”.

Una semana después de que ella recibió la carta nació el bebé de ambos. Ella nunca volvió a casarse, pues esperaba reunirse con su amado en el cielo y cumplir la promesa de amarse por siempre.

Con el paso de tiempo estas coplas habrían sido plasmadas en el son que ha llegado hasta nuestros días.

Ciertamente no hay ninguna evidencia de que ésta sea la verdadera historia de la canción popular que hoy conocemos; pero bien merecería serla, porque encierra una trágica historia de amor, de ese amor que perdura más allá de la vida y de la muerte.

– Francisco Círigo

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