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Guadalupe, un 10 de mayo sin festejos

Gudalupe Vásquez

10 de mayo. Esta mañana Guadalupe Vázquez Reyes saldrá de Santa María Camotlán, y como lo hace cotidianamente abordará el transporte público para dirigirse a Huajuapan.


A más tardar a las once y media de la mañana llegará al estacionamiento de un centro comercial ubicado en la avenida 5 de febrero, y a partir de ese momento se dedicará a “cazar” a los clientes para ofrecerles sus productos: cacahuates japoneses, garapiñados o enchilados.

Para ella no habrá festejo: éste será otro día en el que tendrá que pasar varias horas protegiéndose de los rayos del sol con un sombrero de palma para llevar el sustento diario a su hogar.

“Yo voy a seguir trabajando. Aunque yo quisiera festejar, a veces no se hay. Voy a trabajar. Si acaso, si Dios quiere y nos va bien, a ver si en la tarde hacemos una comidita, pero ya llegando, va a ser como un día normal”, refiere.

Su esposo se gana la vida en Pachuca, Hidalgo, elaborando y vendiendo flores de estambre, pulseras, escapularios y rosarios; y aunque le envía dinero para el gasto, no es suficiente para sostener a sus tres hijos, sobre todo porque desde el inicio de la pandemia las ventas han bajado.

Por eso ella tiene que apoyarle; en un día de trabajo ella llega a obtener ingresos hasta de 500 pesos, pero de esta cantidad tiene que descontar el costo de la mercancía y sus gastos de transporte.

Guadalupe tuvo que abandonar la escuela a los 15 años de edad, cuando cursaba el quinto grado de primaria, porque resultó embarazada. Por este motivo también debió enfrentar la ira de sus padres.

“Sí, me regañaron, me dijeron que todavía era menor de edad para echarme a cuestas una responsabilidad, que no sabía lo que era ser madre”, comenta.

Afortunadamente, su ahora esposo asumió la responsabilidad, y sus padres finalmente le brindaron su apoyo.

Pero su vida no ha sido fácil; ella y se marido se las han visto duras, sobre todo al principio, cuando sus ingresos no eran suficientes y no sabían cómo enfrentar la responsabilidad de ser padres y sostener una familia.

A pesar de todo Guadalupe está convencida de que por sus hijos de 14, 11 y 7 años de edad, respectivamente, todo ha valido la pena.

“Yo le he echado las ganas por ellos; ya perdí el miedo de buscar trabajo, de salir a vender, porque yo antes estaba muy cerrada, me daba miedo andar sola, fuera de Camotlán”, señala.

Ellos son su fortaleza y con ellos pasará este día; estará lejos de su madre, quien actualmente se encuentra en la ciudad de México y está enferma.

Ella es Guadalupe, una madre para quien el Día de las Madres será un día como cualquier otro; un día más de lucha por el sustento diario; un día en el que no habrá lugar para festejos.

-Francisco Círigo

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