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EDITORIAL. El que espera, desespera

SRI-8

26 de marzo. Durante las últimas semanas, el de la vacunación ha sido uno de los temas centrales de la agenda político-social de la región Mixteca.

Al hecho de que hasta hoy se desconoce la fecha en que se aplicarán las vacunas contra la Covid-19 a los adultos mayores se suma la inconformidad de los trabajadores sindicalizados de la Secretaría de Salud, quienes se posesionaron desde hace más de una semana de las instalaciones de la Jurisdicción Sanitaria número 5 en protesta por el supuesto desvío de 255 dosis del inmunológico.

Los integrantes de la Subsección Mixteca 05 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Salud (SNTSA) aseguran que las vacunas antes mencionadas fueron aplicadas a médicos, enfermeras y personal del sector privado, a pesar de que presuntamente aún existe personal de primera línea adscrito a la Jurisdicción Sanitaria número 5 que no ha sido vacunado.

En los últimos días se filtró a los medios la relación del personal del sector privado que recibió la vacuna, y casi de inmediato se filtraron también una tarjeta informativa, un oficio y un acta de hechos relativos a las jornadas de vacunación del personal de salud en la región.

Pero fuera de las filtraciones mencionadas, ni por parte de las autoridades del sector salud ni de la dirigencia del sindicato ha habido una explicación clara que permita saber qué fue exactamente lo que ocurrió. Por tal motivo, se desconoce si los trabajadores de la Jurisdicción Sanitaria que presuntamente no han sido vacunados son médicos, enfermeras, personal administrativo o de otras áreas; tampoco se sabe si no fueron vacunados porque no se trata de personal de primera línea, porque no había vacunas suficientes o porque no acudieron cuando fueron convocados; se ignora, asimismo, si las dosis presuntamente desviadas ya venían etiquetadas para el personal del sector privado o, en su caso, quién y por qué tomó la decisión de que fuera vacunado.

Por lo pronto, este tema ha escalado al grado de que está a punto de rodar la cabeza del jefe jurisdiccional Hugo Luis Llaguno, quien presuntamente dejará el cargo el primer día de abril, y probablemente también de la directora del Hospital General “Pilar Sánchez Villavicencio”, Noemí Santiago Osogobio, a quienes el sindicato responsabiliza por el supuesto desvío de las vacunas, a pesar de que es bien sabido que el control del programa de vacunación lo tiene el personal de la Secretaría de Bienestar del Gobierno federal y de la Guardia Nacional.

Y mientras todo esto sucede, los adultos mayores de la Mixteca siguen sin saber cuándo serán vacunados, porque en este tema el discurso sigue estando muy lejos de la realidad, ya que el calendario establecido por las autoridades federales no se ha cumplido y todo parece indicar que no se cumplirá.

Por otra parte, la falta de planeación y la logística inadecuada siguen siendo el factor común, con honrosas excepciones –hay que decirlo- de algunas alcaldías de la Ciudad de México y municipios del resto del país en los que la vacunación se ha desarrollado en completo orden y con un trato digno a los adultos mayores.

Si en algunos lugares han faltado vacunas y en otros han sobrado, no es por otra cosa sino por falta de planeación.

Apenas este jueves se tuvo que suspender la vacunación en Villahermosa, Tabasco, porque llegaron las vacunas pero sin jeringas ni diluyentes. Ese tipo de errores no pueden ni deben seguir ocurriendo.

Ya lo hemos dicho pero es necesario reiterarlo: las autoridades federales deben aprender de los errores que hasta hoy se han cometido y enderezar el rumbo, modificar la estrategia porque en México hemos rebasado ya las 200 mil muertes reconocidas por las autoridades de salud, sin contar las más de 33 mil adicionalmente registradas por el INEGI.

Mientras tanto, los adultos mayores de Huajuapan y de esta región siguen sin saber hasta cuándo podrán recibir la vacuna que, hoy por hoy, es la única esperanza tangible que tenemos a nuestro alcance para hacer para hacer frente a lo que bien se puede considerar como el mal del siglo.

La espera ha sido larga, y lo peor es que no se sabe cuánto tiempo más habrá que seguir esperando; no hay que olvidar que “el que espera, desespera”.

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