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EDITORIAL. Puebla y Teopoxco, dos maneras de manifestarse

SRI-8

28 de febrero. Esta semana se registró un hecho que conmocionó nuevamente al país y que acaparó los titulares de los medios locales y nacionales: el asesinato de tres estudiantes universitarios y un conductor de Uber, en Huejotzingo, Puebla.

Los hechos ocurrieron la noche del domingo 23 de febrero, cuando tres estudiantes de la carrera de Medicina, Ximena de 25 años de edad, José Antonio de 22, y Francisco Javier, también de 22 años, abordaron el Uber conducido por Josué Emmanuel, de 28 años de edad, para regresar a la ciudad de Puebla, después de haber asistido al Carnaval de Huejotzingo.

Esa fue la última vez que fueron vistos con vida, pues la madrugada del lunes sus cuerpos fueron hallados con varios impactos de bala en un paraje de Santa Ana Xalmimilulco.

Ximena y José Antonio, ambos de nacionalidad colombiana, eran alumnos de intercambio de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP); Francisco Xavier era originario de Xalapa, Veracruz, y estudiaba en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP); y Josué Emmanuel, quien era originario del municipio de Cuautlancingo, conducía un Uber para ahorrar dinero y poder casarse “por todas las de la ley” con la madre de su hijo de seis años de edad. Los cuatro eran gente de bien.

Al conocerse estos hechos, las autoridades de la BUAP y de la UPAEP emitieron sendos comunicados en los que condenaron los asesinatos y exigieron a las autoridades poblanas el total esclarecimiento de los mismos. Aunque tres presuntos responsables fueron detenidos, las circunstancias y móviles del crimen distan mucho de haber sido aclarados.

El martes, los alumnos de ambas instituciones se declararon en paro de labores y realizaron una marcha hasta la sede del Gobierno del Estado, en la que participaron diez mil jóvenes.

Dicha manifestación tuvo al menos dos aspectos relevantes: el primero de ellos fue que, después de medio siglo, marcharon juntos los alumnos de ambas instituciones, que han mantenido una rivalidad histórica por diferencias ideológicas, las cuales hace 47 años provocaron que un grupo de alumnos y maestros abandonaran la entonces Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) y fundaran la UPAEP.

Pero quizás el más importante fue que en la movilización de los estudiantes no hubo un solo insulto, una agresión, una manifestación de violencia, una pinta o un acto de vandalismo.

Casi al mismo tiempo, en nuestra entidad, decenas de habitantes de Santa María Teopoxco, armados con palos, machetes, piedras y marros, rompieron los torniquetes de acceso a Ciudad Administrativa, destruyeron puertas y ventanas e incendiaron mobiliario en tres edificios del complejo gubernamental; asimismo, bloquearon la carretera federal 190 y diversas avenidas de la ciudad de Oaxaca, donde quemaron grandes cantidades de basura.

Las manifestaciones realizadas en la ciudad de Puebla y en Oaxaca tenían el mismo objetivo: hacerse oír por las autoridades y lograr la satisfacción de sus demandas; en el primer caso, protestar y exigir justicia por el crimen de los cuatro jóvenes; en el segundo, la solución del conflicto político que prevalece en Santa María Teopoxco.

En ambos casos, aunque de diferente manera, los manifestantes lograron hacerse oír y convertirse en noticia nacional: los estudiantes universitarios, por protagonizar una movilización que podría ser el inicio del primer movimiento verdaderamente estudiantil y totalmente pacífico que se registra en el país desde 1968; los habitantes de Teopoxco por los destrozos que realizaron y por los perjuicios que causaron a miles de ciudadanos.

Con la multitudinaria manifestación del martes, y con las movilizaciones y protestas realizadas en los días subsecuentes, a las que se han sumado diversas instituciones de educación media-superior y superior de la capital poblana y del interior de esa entidad, los estudiantes poblanos demostrado que para atraer la atención de las autoridades no se necesita causar destrozos, dañar edificios, atentar contra los bienes públicos y privados, o incurrir en actos vandálicos; por el contrario, este tipo de actos provocan la deslegitimación de cualquier movimiento y de cualquier demanda, por nobles que estos sean.

El movimiento de los universitarios ha motivado la solidaridad de diversos sectores, no solo de esa entidad, sino de otros lugares del país, porque no se ha contaminado por intereses de ningún otro tipo.

Hasta hoy se ha mantenido como una expresión genuina y limpia de miles de jóvenes dolidos, preocupados por su seguridad y por su vida; preocupación que se ha expresado en mensajes desgarradores que han aparecido en los campus universitarios: “Mamá, quiero que recibas mi título universitario, no mi acta de defunción” ; “Quiero volver a mi pueblo graduado, no asesinado”; y “Si un un día falto, abracen a mi mamá”, son solo algunos de ellos.

Ojalá que el movimiento de los universitarios poblanos tenga la capacidad de no dejarse contaminar por intereses ajenos o por grupos que inciten a la violencia.

Ojalá que su ejemplo permita que los grupos y organizaciones de todo tipo, incluyendo los de Oaxaca y la Mixteca, entiendan que, para hacerse escuchar por las autoridades, para ser atendidos y para lograr el apoyo de los ciudadanos, no hace falta la violencia, el vandalismo ni los atropellos a los ciudadanos.