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EDITORIAL. ¿La ley de Herodes?

SRI-8

15 de noviembre. Robos, atracos, daños a terceros, accidentes automovilísticos, perdida de citas médicas, entre otras afectaciones es lo que ha dejado la infinidad de ocasiones en que organizaciones, maestros normalistas, ciudadanos, autoridades y anexas se han manifestado, cerrado carreteras y tomado dependencias estatales y municipales.

Las manifestaciones se han convertido en un verdadero y jugoso negocio para los líderes de todo tipo de grupos que las llevan a cabo en el estado de Oaxaca, ya que en las “negociaciones” que llevan a cabo con los representantes de las dependencias de gobierno obtienen beneficios económicos, concesiones y privilegios de todo tipo, a través del chantaje.

¿Será que éste es el único camino para que las diversas instancias de gobierno volteen a ver a los más “necesitados y olvidados”? ¿O es que realmente se volvió una estrategia para chantajear al gobierno, que los dirigentes de estos grupos y organizaciones han convertido en una verdadera minita de oro para lucrar a costa de los verdaderamente necesitados, a quienes dicen defender pero que en la práctica solo utilizan como carne de cañón?

¿Será que algún día llegaremos a conoceremos cuáles son los acuerdos “en lo oscurito” que tienen con el gobierno los dirigentes de las organizaciones autodenominadas sociales, y de todo tipo de grupos? Lo cierto es que, de la noche a la mañana, estos “redentores” y “justicieros” empiezan a tener no sólo privilegios, sino también bienes materiales, dinero, poder y, sobre todo, puestos en el gobierno o posiciones en el Congreso, mientras que aquellos por los que supuestamente han luchado siguen en la misma miseria y el abandono.

¿Cuáles realmente serán estos arreglos y acuerdos? ¿Realmente estos movimientos que tienen como común denominador las afectaciones a terceros, a ciudadanos totalmente ajenos a sus conflictos, traerán algún beneficio para los sectores menos favorecidos de la sociedad, o solamente para sus aprovechados líderes?

A tal grado ha llegado el descaro y la desfachatez de estos grupos y organizaciones, y la complacencia o incapacidad de las autoridades para frenar sus tropelías, que sus integrantes pueden robar camiones de reparto de diversas empresas, apoderarse de las mercancías, cobrar el peaje en las casetas de las autopistas, todo esto a la luz del día y a la vista de los elementos de las corporaciones policiacas, quienes, aterrados internamente, se limitan a observar estos ilícitos que se cometen de manera impune, sin poder intervenir porque tienen la consigna de “no reprimir al pueblo bueno y sabio”.

¿Será que realmente las autoridades están rebasadas, o será que en el fondo hay una necesidad mutua, porque estos grupos resultan de gran utilidad para los políticos, sobre todo en tiempos de campañas, ya sea para aportar votos –o al menos venderles la promesa de que se los aportarán– o, en su caso, para golpear a sus adversarios políticos? Lo cierto es que los líderes son especialistas en vender caro su amor.

Por más absurdas que sean sus demandas, los líderes de grupos y organizaciones no pierden la oportunidad de “mostrar el músculo” para mantener su poder –real o supuesto– y seguir chantajeando a las autoridades, en lo que se ha convertido desde hace mucho en una relación perversa. Lo lamentable de todo esto es que por intereses económicos y políticos se juega un día sí y el otro también con la paz, la tranquilidad e incluso la vida de los oaxaqueños.

La posible complicidad entre actores políticos y líderes de organizaciones ha convertido al estado de Oaxaca en una verdadera tierra sin ley, donde todos los días se viola el derecho de un libre tránsito, donde se roba a comerciantes, empresarios y ciudadanos, y donde se puede perder la vida –como ha ocurrido en diversas ocasiones– por causa de este tipo de movilizaciones… y todo esto, sin que pase nada, sin que haya una consecuencia para los responsables.

Esto debe parar, de una vez por todas; no podemos seguir viviendo en una tierra sin ley… o donde la única ley es la de Herodes.