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REPORTAJE. Tareas, un desafío imposible de resolver

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15 de diciembre. Se acerca uno de los periodos vacacionales más importantes del año, y con ellos las fiestas decembrinas; momentos para tomar un respiro, para estar con la familia y disfrutar e su compañía.

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De acuerdo con el calendario escolar, el próximo miércoles 20 de diciembre muchos niños dejarán por unas semanas el martirio de levantarse temprano, de sufrir las inclemencias del tiempo y, ¿por qué no?, de olvidarse del estrés que les generan las tareas escolares.

Y es que para algunos niños y jóvenes las tareas que tienen que realizar en casa por mandato de sus maestros se han vuelto una verdadera pesadilla, pues los obligan a pasan muchas horas, y a veces hasta noches enteras realizándolas, sin poder emplear su tiempo en otra actividad.

Hay tareas que desde el momento que se asignan generan angustia en los niños o jóvenes, quienes las consideran difíciles, o incluso imposibles de realizar, ya sea por su complejidad o porque requieren de mucho más tiempo del que disponen.

Para los niños mexicanos las tareas, exposiciones y exámenes siguen siendo un verdadero coco, y no es para menos, pues muchos de ellos enfrentan tareas que son verdaderos retos y que más bien parecieran un castigo.

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Los ejemplos de de tareas escolares que son verdaderas ocurrencias de los profesores sobran.

Para Diana, una de las tareas más complicadas y extensas que nunca satisfizo a su profesora fue la de la variación de precios en los productos de la canasta básica en cada uno de los mercados y establecimientos de la ciudad. Para cumplir con este trabajo, ella y los integrantes de su equipo entregaron varios cuadernillos engargolados.

“Era una tabla sobre la variación de los precios en el mercado, sobre la canasta básica; los productos eran demasiados. Se nos hizo complicado acudir a todas la tiendas y anotar todo; el engargolado fue muy grande, y a la manera hora la maestra no revisó la tarea, no leía nada. Entregamos como tres o cuatro engargolados, pero nunca quedó conforme con el trabajo”, dijo.

Y éste no es un caso aislado: es una práctica común que algunos maestros impongan a sus alumnos tareas que implican largas horas y varios días de trabajo, y que al final ni siquiera leen, lo que provoca en los alumnos un sentimiento de frustración.

En otros casos, cumplir con la tarea implica también un gasto importante.

“Me dejaron una exposición de herbolaria en Biología; me dejaron que juntara plantas medicinales, y después poner todo su significado. Tuvimos que hacer un gasto porque teníamos que comprar las plantas; fueron 50 plantas, y las tuve que comprar porque no me pueden vender un pedacito; la mayoría de las plantas las compré porque sólo tenía pocas en mi casa”, dijo.

Peo no sólo tuvo que desembolsar el costo de las plantas, sino también el del engargolado del trabajo en el que describió los beneficios de cada una de las plantas medicinales, para que el maestro se limitara a revisar de un simple vistazo lo que implicó para los alumnos un gasto y varios días de trabajo.

Hablando de las exposiciones en clase, otro estudiante nos compartió su experiencia.

“Fue una exposición de un café literario, contar chistes y cuentos mexicanos. Tuvimos que dar una cooperación, no recuerdo cuánto; llegaron nuestros papás y nosotros teníamos que preparar café y galletas, y esa fue una de la tareas más difíciles”, dijo.

Solo por poner un ejemplo, en otros países como Finlandia los profesores no acostumbran dejar cantidades excesivas de tareas para que los alumnos realicen en casa; al parecer, han encontrado un modelo de educación que además de muchas otras ventajas, deja a maestros y estudiantes contentos por igual. En cambio, en México los maestros parecieran inclinarse más por la cantidad que por la calidad de las tareas.

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Un alumnos de preparatoria aseguró que en la escuela donde estudia les dejan hacer planas y planas de palabras en inglés, lo que resulta excesivo.

“Planas de repetición de una palabra en inglés; son de 50 a cien palabras de inglés; en esa tarea me llevo de 13 a 15 hojas”, dijo.

¿Y qué decir de la tarea de Contabilidad que dejaron a otros alumnos?.

“De un día para otro nos dejaron hacer 10 cuartillas de Contabilidad. El tema era escaso, y tuve que hacer la letra grande para llenar este espacio que pidió el maestro. A la mera hora me dijo ‘No te la voy a calificar porque tu letra era grande, y así no es’. Tuve que quedarme sin calificación y no se vale, porque me desvelé y me esmeré, pero el profesor no me lo tomó en cuenta”, dijo.

Por si fuera poco, algunos maestros imponen a sus alumnos tareas complicadas y laboriosas, pero el día que deberían revisarlas no acuden a impartir su clase, y posteriormente no vuelven a acordarse de dichas tareas.

“En la materia de Ciencias me dejaron una maqueta del sistema solar; me tardé de tres a cuatro horas realizando la maqueta, y para que al otro día el profesor no llegó y jamás no las volvió a revisar”.

Algunos profesores deciden la calificación de los alumnos “a ojo de buen cubero”, como se dice coloquialmente.

“La materia era de Geografía, sobre las capas internas de la Tierra. Yo me pasé haciendo el trabajo durante dos días; el profe no llegó durante tres días, y cuando llegó sólo puso ‘Revisado’, y calificó en base a que si le gustaba, ‘Muy Bien’, y si no le gustaba, sólo ´Bien, pero no utilizó otro criterio”, dijo.

Una práctica adoptada por algunos maestros es la de dejar a sus alumnos trabajos de investigación extensos sobre temas que no sólo no han visto en clase, sino que además nunca revisan y mucho menos corrigen. Pero éstos temas que se dan por “vistos” sí se incluyen en los exámenes.

Otra práctica común es que los maestros califiquen la presentación, y no el contenido de los trabajos, llegando al absurdo de no recibir, o bajar puntos a los alumnos porque éstos utilizaron un color de tinta o una carpeta o engargolado diferente a los indicados.

Un caso extremo fue el de un maestro que dejó a sus alumnos un trabajo de más de cien hojas, y les exigió que lo entregaran encuadernado, no engargolado. Al final sólo revisó superficialmente dos o tres, y los demás los calificó sin leerlos.

Esto ha obligado a los alumnos a recurrir a los que de manera ingeniosa han adoptado como sus santos patrones: “San Google” y “Santa Wikipedia” . No son pocos los alumnos que han adoptado el método “C-P-I” (copiar, pegar e imprimir), a veces sin leer siquiera los temas encomendados, pues saben que sus profesores tampoco los leerán.

La mayoría de los jóvenes entrevistados argumentó que no está de acuerdo con las tareas y trabajos que sus maestros les imponen, pues implican gastos excesivos que algunos alumnos y padres de familia no están en condiciones de realizar, pero además, tampoco cumplen el objetivo de reforzar el conocimiento que se imparte en las aulas.

En el caso de los alumnos de primaria, la situación no es diferente: muchos maestros dejan a los niños tareas imposibles de realizar para los alumnos, no sólo por su extensión, sino también por su complejidad. En muchos, tal vez en la mayoría de los casos, estas tareas terminan haciéndolas los papás.

Un ejemplo típico de las tareas inútiles que se imponen a los alumnos es pedir a éstos que compren en la papelería una monografía sobre un tema o un personaje, copien en una hoja los textos que aparecen en el reverso y peguen en la misma hoja la monografía.

En muchos de los casos, las tareas escolares no sólo no aportan nada al conocimiento de los temas, sino que en algunos casos incluso influyen de manera negativa en su rendimiento, pues generan en los niños y jóvenes una carga excesiva de trabajo, al tener que cumplir con trabajos o preparar exposiciones orales para ocho o nueve materias al mismo tiempo, lo que les produce también un estrés permanente que afecta el resto de sus actividades.

Sería interminable abundar en ejemplos. Sólo esperamos que en esta época tan hermosa del año no haya maestros que saquen su lado Grinch y arruinen las vacaciones de sus alumnos dejándoles tareas y trabajos de investigación que les amarguen las celebraciones de la Navidad y el Año Nuevo, al ser verdaderos desafíos imposibles de resolver.

-Denise Luengas

Twitter: @denise_sri

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