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La tradición navideña

nacimiento de jesús

R E P O R T A JE

Denise Luengas

25 de diciembre. Más allá de los típicos adornos de temporada, la cena familiar y la atmósfera cálida y fraterna, la Navidad se festeja con diversos matices a lo largo de la República Mexicana.

Para la mayoría de las personas la temporada navideña se caracteriza por la alegría, la invitación a la reflexión, los buenos deseos y el cariño que se expresa a los integrantes de la familia o a las personas con quienes se convive regular u ocasionalmente. También por las reuniones familiares o de amigos, las convivencias y los regalos.

Sin embargo, para algunas personas esta temporada puede provocar que resientan la soledad y la nostalgia con mayor intensidad que en otras épocas del año. Los recuerdos vienen a la memoria, los sentimientos se intensifican y la ausencia de las personas que ya no están con nosotros (pareja, padres, amigos…) se hace más evidentes.

navidad

Pero son más quienes independientemente de sus creencias religiosas y del origen de esta celebración, viven la Navidad con un carácter festivo.

Considerada “la fiesta universal por excelencia”, la Navidad en todo el mundo tiene algunas peculiaridades, que en el caso de nuestro país se diversifican como resultado del mosaico de expresiones culturales que coexisten en nuestro territorio.

Incluso, en el estado de Oaxaca hay una gran diversidad de tradiciones relacionadas con la celebración de la Navidad. Una de las más difundidas es la “Noche de Rábanos”, cuyos orígenes se ubican a finales del siglo XIX, cuando se realizó la primera exposición de figuras artísticas elaboradas por los hortelanos y floricultores de Trinidad de las Huertas.

Pero ¿cómo se celebraba la Navidad en Huajuapan a finales del siglo XX?

Esta festividad iniciaba con la celebración de las posadas que se realizaban en cada uno de los templos de la ciudad, del 16 al 24 de diciembre. Se trataba de actos con un sentido estrictamente religioso, con el propósito de recordar el peregrinar de la Virgen María y San José, desde su salida de Nazaret hasta Belén, en busca de un lugar para alojarse y esperar el nacimiento del niño Jesús.

La parte central era la petición de posada, para lo cual los participantes se dividían en dos grupos, el que ubicaba en el exterior del templo o del domicilio para pedir posada:

“En nombre del cielo os pido posada, pues no puede andar mi esposa amada”.

Y el que se encontraba en el interior del templo y negaba el alojamiento a los peregrinos:

“Aquí no es mesón, sigan adelante, yo no debo abrir, no sea algún tunante”.

Finalmente se abrían las puertas para dar alojamiento a los peregrinos y los dos grupos se reunían en el interior del templo o domicilio, donde entonaban villancicos:

“Entren santos peregrinos, reciban este rincón. Aunque es pobre la morada se las doy de corazón”.

Al final se repartían aguinaldos a los asistentes y en algunos casos se rompían piñatas y se encendían luces de bengala.

En los templos, en los domicilios y en los comercios se colocaban nacimientos elaborados con cajas de cartón o huacales que servían como base y que eran cubiertos con carpetas de musgo y algunas hebras de paxtle o heno. Las figuras eran de cartón o de yeso.

El investigador de la cultura mixteca, Neftalí González Huerta, refiere que en las localidades de la región esta celebración tenía pocas variantes:

“Estos eran los elementos que adornaban los templos no había nada artificial, todavía no apareció el arbolito de navidad, también adornaba las velas y casi todas las posaditas se hacían en el templo la gente rezaba en el templo, salía el santo y nada más y poco a poco se fue engrandeciendo porque posteriormente las posaditas se realizaban en las casas y regresar al templo terminando los nueve días”, dijo.

Cuenta que como no había luz eléctrica lo que iluminaba el trayecto de la procesión eran las velas, el ambiente se aromatizaba de incienso. La cena consistía en atole, café, pan, tamales, frijoles.

Igual que en Huajuapan, en las poblaciones había una madrina del Niño Dios que era una niña. Sus padres aportaban la cena.

“El aguinaldo era otro atractivo, las piñatas, lo que nos daban era la colación un dulce redondo parecidos a los huevos de la gallina, las galleta de animalito y posteriormente llegaron las galletas marías, Las piñatas que eran rudimentarias, la clásica olla colgada con cinco picos otras figuras llegaron posteriormente, todo ha evolucionado, porque ahora en las piñatas hay que dar dulces de mucha calidad, y hay que repartir a toda la gente, cosa contraria pues antes solo le tocaban dulces a quienes se aventaban a la piñata”, dijo.

La noche del 24 de diciembre se caracterizaba en Huajuapan porque se realizaba un desfile de carros alegóricos que partían de cada una de las parroquias y capellanías de la ciudad y confluían en la Catedral, donde se realizaba un programa artístico y el obispo de la Diócesis dirigía su mensaje de Navidad.

Sin embargo, con el crecimiento de la ciudad este desfile se dejó de hacer hace cuatro o cinco años, y la celebración se empezó a realizar en cada parroquia, según refiere el sacerdote Alejandro Ibarra Trujillo, capellán de la Catedral:

“Hace algunos años todavía se realizaban procesiones al centro últimamente se acordó que cada quien haga su procesión por la razón del tráfico, pues este ya está intenso en la ciudad y si se organiza un desfile de carro alegórico de toda la ciudad verdaderamente sería un caos, Huajuapan ya es otra ciudad y además no todos somos católicos profesamos una sola fe y no queremos afectar a otras personas sino respetamos la fe y creencias de cada uno”.

Con el paso de los años la manera de celebrar la temporada navideña ha ido cambiando. González Huerta atribuye esta situación al crecimiento de la ciudad y a la influencia de otras culturas:

“Para los 60’s entra lo de Santa Claus, el árbol de navidad, las fiestas de las preposadas que son bailes, tardeadas, fiestas, así fue degenerando y entrando a otra etapa de la Navidad hasta llegar a las posadas que no son de rezar, son de bailar de disfrutar, música, los grupos musicales, una tradición que si no hay fiesta o comida no es una posada bonita, así se encuentra en este momento”, dijo.

Asegura que estos cambios son producto del intercambio cultural que incorpora tradiciones europeas con algunas provenientes de los Estados Unidos y las que son propias de nuestro país y de sus pueblos indígenas, lo que la final ha dado como resultado la pérdida de identidad.

“Es muy importante que rescatemos la Navidad; es complicado volver a nuestras raíces pero lo podemos ir intentando poco a poco todos, para no hacer tantos gastos, las familias hacen gastos superfluos en contra de su economía y del país, es importante ver de otra manera la Navidad y querernos más asimismo unirnos algo muy importante de la Navidad”.

El sacerdote Alejandro Ibarra dice que esta fecha se debe recordar como un hecho trascendental en la historia, pues es el nacimiento de Jesús, hijo de Dios.

Aseguró que un mundo tan enfermo, agresivo, violento en que vivimos actualmente, no tiene sentido, ya que Jesús vino a sufrir a la tierra para que hoy los pueblos vivieran en paz, pero hoy es todo lo contrario.

“Pienso que la fe del pueblo antes era más sencilla, apegada a la tradición ahora nos han invadido e influenciado algunas otras costumbres y debido a eso se ha comercializado más, en si ya no hay un encuentro con el señor pues se aprovecha para vacaciones para pasarse un día alegre espero nada más y olvidamos el significado más profundo”, dijo

Dijo que también la fe y devoción de los creyentes ha cambiado, pues ahora solo acuden a las posadas por los aguinaldos.

“Vemos en todas las Iglesias incluso de la periferia a donde acuden niños que nunca van a la Iglesia en todo el año, pero en Navidad ya sea por los dulces, piñatas y convivencia, allí están”, dijo.

Algo más que ha cambiado es la ofrenda que se entrega al final de la posada, pues ahora dan pozole, ponche, atole, pan, entre otros. Con estas modificaciones que se han vuelto más de fiesta que de reflexión por ello urgió un cambio en la manera de celebrar.

“Espero que nos dispongamos a celebrar la Navidad de una manera más espiritual, porque hemos celebrado de una manera folklórica, alegre verdadera convivencia humana pero creo nos hace encontrarnos con el señor porque es la vida y porque si nuestra sociedad está enferma, media muerta porque nos hemos retirado del señor, creo que hay que volver a él y los campos de la sociedad van a reverdecer”, dijo.

Tal como ocurre prácticamente en todo el mundo, los mexicanos festejaremos la Navidad diciembre. Las familias se reunirán esta noche para cenar juntos, para convivir, intercambiar regalos, abrazos y buenos deseos, y hacer el tradicional brindis en punto de las 12 de la noche.

Pero esta celebración debe ir más allá de los regalos, la cena, las piñatas, la alegría y los buenos deseos. Los sentimientos de amor, solidaridad y fraternidad que nos invaden esta noche deben mantenerse durante todo el año, marcar una nueva actitud en cada uno de nosotros, porque sólo de esta manera estaremos dando un verdadero sentido a esta celebración. ¡Feliz Navidad!